sábado, 13 de mayo de 2017

Etapa 3: Abandono...

  Hoy despierto algo más tarde, puesto que el desayuno no lo sirven hasta las 8 y ya que lo tengo incluido en el precio quiero aprovecharlo.
  Lo primero que hago es observar mis pies. Parece que van algo mejor, así que los protejo todo lo que puedo y me animo a caminar. Tengo ganas y parece que al menos unos kilómetros podré aguantar.
   Desayuno y hablo un rato con el chico del hostal que me habla de las 2 opciones que tengo en la etapa de hoy. Me sigue pareciendo más llamativa la parte alternativa a la tradicional, pero como bien le he comentado a él, hoy mandan mis pies.
   Mochila a la espalda y el abuelo y yo zarpamos rumbo a lo que hoy nos espere.
 

    Ya nada más empezar el camino me ofrece dos posibilidades. La tradicional comienza con una fuerte subida a la ermita de Santa Bárbara y la otra es un tranquilo y relajante camino por el paseo marítimo. Ambos caminos me llevarán a Getaria y teniendo en cuenta mis condiciones físicas, opto por caminar junto al mar. 


    Hago bien en tomar esta decisión, el paisaje es precioso y, aunque dolorida, no quiero ni imaginar lo que habría estado sufriendo si hubiese escogido el camino a la ermita.
Me cruzo con muchas personas haciendo deporte de buena mañana y, todas y cada una de ellas, tienen un saludo y una sonrisa al cruzarse conmigo. Esto anima a seguir caminando.
El día está algo nublado, pero no hace nada de frío. Mis pies no dejan de quejarse y empiezo a pensar en que hoy no llegaré a Deba (teóricamente el destino final de hoy, a unos 22kms de Zarautz). Apenas llevo pocos kilómetros andados y ya no aguanto mucho más el dolor. Esto me machaca moralmente.

Llego a Getaria destrozada, pero decido seguir caminando hasta que llego al principio de una fuerte subida que me adentra de lleno en zona de montaña. El cielo se ha cubierto de golpe de unas nubes que amenazan tormenta. Me entran los miedos a que esa tormenta me pille allí dentro; miedos provocados por el dolor de pies y decido abandonar.... 
Me doy media vuelta y me siento en un rincón frente al puerto marítimo de Getaria.
Lloro de rabia, la impotencia puede conmigo, me cabreo conmigo misma y maldigo todo lo de mi alrededor. No soporto esta sensación de no poder continuar, me siento inútil, débil... 

Paso largos minutos así, pero ya no quiero lamentarme más y decido ir a hacer algo de turismo por el pueblo que tiene muy buena pinta y eso me ayudará a que se me pase el enfado.




Doy una vuelta, me relajo, el cielo de repente vuelve a abrirse, sale el sol y se despierta la guerrera. Me sonrío a mi misma y me planto delante de la misma subida que hacía un rato me había acobardado....

Los pies duelen todavía, pero el abuelo acaba de darme un capón y me lanzo de cabeza a continuar un rato más mi camino. ¿enserio pensabais que abandonaba aquí?
Yo por un momento creí que si...

Me lo tomo con toda la calma y serenidad que mis pies me piden, no tengo prisa ni necesidad de llegar a ninguna parte. Este tramo del camino lleva algo de desniveles pero también está acompañado de civilización y siguen sonriéndome esas personas a mi paso, siguen animando mis pasos.
Un caballo me pide con la mirada que vaya a acariciarlo, no puedo evitar quedarme un rato con él y más después de ver lo que disfruta de mi compañía. Decido continuar y este me acompaña unos metros
 Que agradecida me siento...


Calas blancas... ovejas... este tramo está muy entretenido y cuando quiero darme cuenta, estoy a tan sólo 2'5 kilómetros de Zumaia, pueblo que queda en la mitad de la etapa de hoy y donde pararé a dormir. Una cosa es echarle huevos al asunto y otra pasarse de rosca. No me la juego más.


Ya veo Zumaia a una distancia relativamente cercana, solo me queda superar una bajada importante. Que creo que ya es suficiente esfuerzo...





Hoy no diré eso de "etapa superada" porque no creo que haya sido así, pero si estoy orgullosa de haber avanzado más de lo esperado y haber podido disfrutar, de alguna manera, el tramo realizado.

Llego a buena hora y, comprobando mi guía,  veo que apenas existen 2 albergues aquí: uno a las afueras cruzando el pueblo y otro en el centro. Como me pilla de camino, paso por la oficina de turismo a preguntar y me recomiendan el del centro con el único inconveniente de que no abren hasta las 15:00 y es la 13:00. Bueno, buen motivo para sentarme en la terraza de alguna taberna y tomarme unos pinchos acompañados de una cerveza.

Casi cerca de las dos de la tarde, decido ir a buscar el albergue que está muy cerca de donde me sitúo y veo un supermercado al lado en el cual entro a por algo de comer para ir haciendo tiempo.
Llegan las 15:00 y soy la primera peregrina en entrar. Este albergue es un convento... menos mal que acogen a cualquier tipo de peregrino y soy bienvenida. Me dan mi cama en una habitación para mi sola y voy directa a la ducha. Mis ampollas siguen ahí,  aunque quien peor lo lleva es esa maldita uña que quiere caerse y no puede, es la que más me fastidia. Pero ya están fuera de las botas y es todo un alivio.

Cuando vuelvo a la habitación, tengo una compañera nueva. Una chica italiana con muy buen nivel de español. Charlamos un rato en la terraza y decidimos ir a dar una vuelta por la zona. En la oficina de turismo me habían hablado de la playa que hay aquí asi que vamos a visitarla.





Es impactante ver esto de cerca. Como el paso de millones de años ha creado estas formas geológicas, en los acantilados,que me asemejan a las hojas de un libro. Ver para creer.

Una parada en una taberna; pinchos,cerveza, buena conversación y mañana más y mejor.

No sin antes destacar toda la fuerza y ánimos recibidos ayer por parte de todos... no sería quien soy ahora si no fuese por vuestra fuerza. Me llega con la misma intensidad que un tsunami... me hacéis grande.

Buenas noches abuelo, buenas noches a vosotros también...

viernes, 12 de mayo de 2017

Etapa 2: más dura de lo previsto.

    Son las 7:00, hoy he dormido una horita más que ayer. El cuerpo lo pedía y tenía q hacerle caso.
   Me despierto con agujetas en varias partes de mi cuerpo, pero me ocupo más de proteger esas ampollas del día anterior. Las agujetas son parte del proceso de adaptación y tengo que pasarlas. Desayuno y observo que soy la última en salir del albergue,cosa que me preocupa más bien poco.
   Mochila a la espalda y arranco a ver que me espera el día.


Ya es muy de día y el calor aprieta de buena mañana. La etapa comienza con una fuerte,  larga y bonita subida por el monte Igueldo. Buen comienzo para calentar músculos y despertar.

Ya en lo alto de dicho monte se puede observar buena parte de Donosti, imagen que me invita a pararme y contemplarla, además de que me viene bien para coger aire. Por cierto, es alucinante lo bien que se respira por aquí, el aire es puro y entra con facilidad en los pulmones.
Continúo el camino por la calzada con buenas vistas del mar.



Poco a poco voy dejando el mar a lo lejos y me adentro de lleno en el bosque, camino muy tranquilo pero con fuertes subidas y bajadas que empiezan a recordarme mi dolor de pies.
Por estos lugares me cruzo con el primer peregrino del día, un hombre estadounidense pero que habla muy bien el español. Él lleva un ritmo más elevado que yo, también favorecido por el uso de bastones que yo no llevo, y vuelvo a seguir mi camino en solitario.



Ya después de varios kilómetros recorridos, se me empieza a hacer muy complicado el caminar. Las ampollas me están dificultando mucho el andar con facilidad y la irregularidad del terreno no me está ayudando en nada. Hoy la mochila es lo que menos me molesta, de hecho casi ni me acuerdo que la llevo encima. Estoy deseando llegar al próximo pueblo, Orio, para poder sentarme a almorzar y darle tregua a mis pies; pero aun queda un rato para ello...



Apenas son 3 kilómetros, pero me saben a 10 con este dolor. Aunque ello no me impide seguir disfrutando de todo lo que me rodea. Verde,verde y más verde. Calas blancas por varios lugares... el abuelo sigue dándome señales de que está a mi lado.


No pierdo el buen humor y grabo algunos vídeos para entretenerme en estos largos y sufridos 3 kilómetros. 
A la que quiero darme cuenta, ya estoy dentro de Orio y me voy de cabeza en busca de un bar dónde poder descansar.


Una vez con las pilas cargadas lo más difícil es arrancar de nuevo,pero en cuestión de minutos alcanzo el ritmo que llevaba.
Cruzo la ría por el puente dirección Zarautz, donde finalizaré la etapa de hoy.


Me esperan 6 kilómetros de asfalto con una fuerte subida seguida de su correspondiente bajada. El calor aprieta cada vez más y ni siquiera quiero parar a beber agua porque esa parada me supone romper el ritmo y volver a retomarlo es un infierno para mis pies. Estoy pasándolo algo mal este último tramo, pero las ganas de llegar pueden con todo y me da por ponerme guerrera. 
Ya diviso Zarautz!! Ya casi lo tenemos, abuelo!!


Unos cientos de pasos cuesta abajo y...
¡¡etapa superada!! 



Jodida,  pero contenta por haber llegado.
Aunque aún tengo que localizar el albergue. Solo tengo 2 opciones y escojo en primer lugar la equivocada... este albergue no abre hasta las 16:30 y son las 13:30. El otro está a tan sólo 10 minutos caminando, tiempo que me parece ridículo para todo lo que he pasado hoy.
Llego y también está cerrado, pero este abre a las 14:00. Cojo una silla y me siento en la puerta a esperar. Esta silla de plástico es igual de cómoda que el trono de cualquier rey.
Minutos después aparece el estadounidense de esta mañana  (no digo su nombre por el simple hecho de que no lo recuerdo).

Enseguida nos abren el albergue y nos asignan cama. Tardo bien poco en quitarme las botas y, con miedo, miro a mis ampollas. Me sorprende que no hayan empeorado a la vista, para todo lo que he sufrido. Me voy a la ducha, bajo a comer y subo a tomarme un té en la terraza del albergue. Es mi momento... me lo he ganado. El ambiente me tienta a darme una cabezada y no voy a privarme de ello.



Me despierto, decido ir a curarme los pies y observo que quizás la mejor opción es cortarlos. Las ampollas han empeorado y además voy a perder una de mis uñas. Bajo a la farmacia y paso mis pies por el quirófano de la doctora Pimentel. 

Por muchas ganas que tenga de visitar el pueblo, la mejor opción es quedarme quieta. Me salgo a la terraza y decido no hacer nada más el resto de día.

No tengo buenas espectativas para mañana, tengo que ser realista y quizás me toque descansar un día y seguir al siguiente. Tampoco quiero anticiparme pero quiero hacerme a la idea por si esto ocurre. No tengo ninguna prisa, pero si ganas de disfrutar... 
No sé... mañana cuando me despierte decidiré que hacer.
Por ahora no quiero pensar más... pero que quede claro que la sonrisa no la pierdo. ¡¡Estoy aquí para ser feliz!!


jueves, 11 de mayo de 2017

Etapa 1: ¿mar o montaña? Mejor las dos cosas.

    Aun no son ni las 6 de la mañana y ya oigo movimiento por el albergue. Por suerte he pasado buena noche, apenas me he despertado en alguna ocasión y por la incomodidad de no ser mi cama. A las 6 en punto, el hospitalero pone una música digna de cualquier templo (una mezcla entre tétrico y relajante) y comenzamos a levantarnos. No tardo demasiado en ir al baño a asearme,  pues apenas hay 2 baños para todo el albergue y ya me conozco las colas de buena mañana.
    Antes de vestirme, me voy a la sala común a tomarme un té y seguidamente recojo bártulos y a las 06:45 me pongo en marcha. ¡Abuelo, aquí empieza lo bueno!



La temperatura es ideal a estas horas, pinta que va a hacer calor.
Apenas salgo de Irún y me adentro en Hondarribia, que ya empieza a sorprenderme  con un paisaje digno de admirar. No consigo ver el amanecer porque las nubes no me lo permiten, pero lo gozo de la misma manera.



Me fascina lo verde que es todo y apenas acabo de empezar a caminar... ¡esto promete! Aún no me he cruzado con ningún peregrino, pero esto también me ayuda a calmar mi mente que, habituada a la rutina, va pensando en mil cosas a la vez y no consigo bajar revoluciones hasta que algo me llama fuertemente la atención. Es un pequeño jardín lleno de calas blancas, la misma flor que he traído en representación al abuelo. Señales, señales... aaay camino, que tendrás para ser tan mágico??



Ya con la mente abierta y la piel dispuesta, el camino se adentra en el interior del monte Jaizkibel (y no... no habían cervezas gratis por si alguien se lo pregunta).
La primera sensación  es un tanto tenebrosa... los árboles son altos y frondosos, apenas se escucha el sonido de los pájaros y el baile de las ramas. Un exceso de paz y oscuridad protagonizan este tramo. Aunque estoy muy tranquila, el abuelo me protege en cada paso y esta sensación solo me hace entrar en una profunda paz y disfrutar de mi alrededor. 



Ya con algo más de luz, el camino me regala la inmejorable panorámica de la bahía de Txingudi... momento que disfruto en soledad ya que sigo sin cruzarme con ningún peregrino.





A partir de aquí el camino empieza a complicarse. No sólo por la fuerte subida al santuario de Guadalupe...



Sino porqué mi espalda empieza a quejarse de la mochila, el camino es muy pedregoso y  con muchos desniveles y, además,  Lorenzo empieza a apretar; detalle que va en mi contra. Intento evadir mi mente de estos problemas,  el truco está ahí.





Otra breve panorámica del cantábrico, solo consigue engañar a mi cerebro durante escasos metros, pues se avecina una durisima y larga  bajada que casi va a conseguir acabar con mi paciencia. Ya sólo pienso en encontrar un bar... tengo hambre.



Por fin, después de 16kms, veo algo de civilización humana. Entro en Pasaia (Pasajes) y después de una breve pausa en su preciosa entrada, me voy de cabeza a por mi merecido almuerzo. Apenas llevo caminado la mitad del recorrido que pretendo hacer hoy, tengo que coger fuerzas.



Aprovecho para descalzarme y descubro mi primera ampolla (bienvenida seas a este camino).

Sin relajarme demasiado, reanudo la marcha. Toca cruzar a la otra parte del pueblo y solo hay una opción: hacerlo en un pequeño pesquero por apenas 0'70€. Viaje breve pero divertido.

Ya al otro lado, continuo por mi derecha por todo el paseo hasta que unas desagradables escaleras me miran amenazantes... ¡pero ellas tampoco van a poder conmigo! Voy con la fuerza de dos guerreros...




Además, las vistas son insuperables; casi tanto como el dolor de hombros que llevo, pero prefiero no hablar de esto. 

Pocos kilómetros más adelante, me veo con una bifurcación donde cualquier peregrino continuaría por las flechas amarillas (hacia la izquierda) pero a mi me genera una breve duda, ya que conozco la belleza que puedo encontrarme al irme por la derecha. Y es entonces donde decido salirme del camino y continuar por las marcas del GR-121. 
Tranquilos, se dónde me meto... solo voy a disfrutar de una maravillosa vista del cantábrico y sus acantilados, acompañada de un agradable sendero por montaña... ¿que más puedo pedir? La opción de continuar las marcas del camino de santiago solo me adentrarian en el corazón del Monte Ulía lleno de desniveles y sin ningún paisaje relevante más que el de árboles y más árboles (cosa que ya he vivido los 15 primeros kilómetros ,me toca disfrutar del mar). Más adelante, ambos caminos se juntarán y podré continuar cómo si nada.
Pero yo no podía perderme estas vistas,tenía que enseñarle esto al abuelo...



 Vuelvo a ser consciente de mi ser y empiezo a odiar mi dolor de hombros, a mi ampolla y a la cantidad de kilómetros que llevo caminados. Pero una señal me dice que apenas me quedan 2kms para llegar a Donosti, donde acabaré la etapa de hoy. Esto me da fuerzas y hasta acelero el paso.
Ya se ve de lejos...


Por fin piso las calles de esta ciudad y me voy directa a la primera playa que veo para disfrutar mi victoria del día.


Pero, ingenua de mi, aquí no acababa todo. Me dirijo a buscar el albergue y resulta que sólo abren en verano. Consulto la guía y el siguiente albergue más cercano está a la otra parte de Donosti,a unos 45minutos. No me arriesgo a que también esté cerrado y me dirijo a la oficina de turismo a que me ayuden (ya que no he encontrado un solo peregrino en el camino). Allí me informan del único albergue disponible que es ese que se encuentra al otro lado de la ciudad. No tengo más remedio que seguir caminando, aunque me sirve para ir haciendo algo de turismo a la vez.

Es en la playa de Ondarreta, ya apunto de llegar al albergue y al lado de la conocida playa de la concha, donde veo al primer peregrino del día y, obviamente, me voy a hablar con él y caminamos juntos hasta el albergue.
Ahora si... 27kilometros encima, un par de ampollas,unos hombros destrozados y piernas cansadas de esta etapa "rompepiernas", ya puedo decir eso de ...¡¡etapa superada!!

Una merecida ducha, ir a comprar algo de provisiones y un agradable paseo por la orilla de la playa a modo de terapia natural para mis pies, es lo que me espera el resto de la tarde.



Por mi parte, solo me queda dar las buenas noches desde mi humilde morada de hoy.

Buen camino y... Agur!  

lunes, 8 de mayo de 2017

Haciendo realidad tus sueños...

Te prometí que caminaríamos juntos; de una forma u otra, pero que lo haríamos. Ese fue el sueño que tuviste aquella noche y deseabas hacer realidad. Y ha llegado el momento. Tu no vas a enterarte del dolor de pies ni de espalda, pero vas a estar a mi lado dándome toda la fuerza que necesite. Yo llevaré la mochila por los dos, sufriré las ampollas y disfrutaré de la paz por ambos; veré los amaneceres con mis ojos como si fueran los tuyos, disfrutaré cada paso tal y como a ti te habría gustado. Este camino lo hago contigo... este camino lo hago por ti, abuelo...  prepara la mochila, que nos vamos!



   Son las 06:45 y voy rumbo a Madrid. El tren va lleno de personas con traje,maletines y mucha prisa; después estoy yo con ropa de montaña, una mochila y ningún tipo de prisa.

  Que absurdo eso de vivir corriendo,no? Observando el reloj constantemente, tomando trenes que te llevan de una ciudad a otra a 300 km/h, con media hora cronometrada para almorzar; hay incluso quienes ni almuerzan por no perder tiempo. Padres sin tiempo para sus hijos, parejas sin tiempo para hablar, amigos sin tiempo para quedar... Luego nos quejamos constantemente del mal humor de los demás, de nuestros dolores físicos y de mil cosas más.
  El tiempo siempre es el mismo. Cada día lo mismo,24horas distribuidas de la misma manera. No queramos echarle la culpa al tiempo, el fallo solo somos nosotros.

  A través de la ventana, puedo observar el lento amanecer mientras sigo yendo a 300 km/h. El sol no tiene prisa,de hecho sale lentamente y lentamente se va. Los arboles, las flores... No se,pienso que deberíamos aprender más de la naturaleza; seríamos más felices seguro.

   Y con esta reflexión matutina ya solo me queda pensar en desayunar, cosa que haré en cuanto llegue a Madrid. Seguro que el abuelo también lo haría.







10 horas y 5 trenes más tarde, por fin llego a Irún. Ya sólo me queda encontrar el albergue,pero no me voy a complicar y voy a consultar a Google maps,no tengo ganas de dar vueltas.

Por suerte está a menos de 10 minutos de la estación y el espantoso y sorprendente  calor que hace, tampoco voy a sufrirlo demasiado.
Llego al albergue y, a la vez que yo, llegan otros peregrinos. Cojo mi credencial, relleno mis datos en el albergue y muy amablemente un hospitalero me acompaña a la que será mi cama. Ubicada dentro de una pequeña habitación donde hay 2 literas. Las 2 camas de abajo ya están ocupadas por un matrimonio francés y, por suerte, me toca una de las de arriba; ya que no soporto dormir en la cama de abajo de una litera... me da la sensación de que la cama de arriba va a caerme en cualquier momento.



Al poco entra en la habitación Elena, una chica de Barcelona que va a ocupar la cuarta cama y con ello cerramos ya el cupo de esta habitación. Solo espero poder dormir esta noche y que no ronquen...es mi deseo del día.




Después de una agradable conversación con Elena, decido bajar a dar una vuelta por los alrededores; pero una lluvia intensa me sorprende y me meto en un supermercado a comprar algo de provisiones para la cena y desayuno de mañana. Cojo lo justo para comer en el momento y no cargar mi mochila con más peso. Una ensalada para cenar y un par de plátanos para arrancar el día.
Antes de regresar al albergue, paro en el bar de abajo a tomarme mi merecida cervecita mientras veo llover por la ventana.

Es un buen momento para pensar y es ahora cuando soy realmente consciente de lo que estoy haciendo y por quien. Hacia cosa de 4 años que no venía al camino, pero regresar después de tanto tiempo y hacerlo con y por el abuelo es algo realmente indescriptible. Ojalá él pudiera vivirlo de verdad porque sé que iba a disfrutarlo tanto como yo... Pero me sobra con su fuerza, esa que estoy segura que va a darme en cada paso.

Prepárate abuelo,  que mañana empieza nuestro camino... el camino de los guerreros!!











jueves, 4 de agosto de 2016

Es mejor vivirlo que contarlo, pero quiero compartirlo con vosotros...



Es realmente bonito viajar por segunda primera vez (la primera primera, fue cuando tuve un par de añitos y no recuerdo nada...) a tu segunda tierra y hacerlo en compañía de lo más grande que una persona puede tener en su vida. En mi caso son mis padres y hermana.

Conocer Granada de la mano de mi padre ha sido muy especial. He conocido la historia de esta bellísima ciudad a la par que mi padre me contaba historias de su infancia. Por que no es lo mismo caminar por la Alhambra sabiendo que ciertos reyes hacian su vida allí, que caminar por la Alhambra sabiendo las travesuras que mi padre hacía por aquellos jardines... Son 2 historias paralelas y separadas por una cantidad de siglos y todas, contadas de boca de mi padre. ¿Se puede pedir algo más? Si, la compañía de mi madre y hermana...
Pero como es mejor vivirlo que contarlo, os dejo este pequeño reportaje cómico de lo que fueron estos días con mi familia... 
Palomitas, sofá, algo fresquito...y a disfrutar! 
Solo espero que os divirtáis, al menos, la mitad de lo que yo me he divertido con este vídeo.

¡¡A caminar conmigo!! Y no os olvidéis de sonreír siempre...


¡¡ DENTRO VÍDEO !! (pinchad este enlace)